Murió Pelé. O Rei ha muerto. Y el mundo llora a uno de los futbolistas más excepcionales que haya pisado una cancha de futbol en la historia. El astro brasileño falleció este jueves 29 de diciembre en San Pablo, luego de una larga batalla contra el cáncer, que lo mantuvo internado en un hospital desde el 29 de noviembre pasado.

Pelé sufrió durante años problemas en la cadera y no podía caminar sin ayuda. Sus apariciones públicas ya estaban siendo recortadas antes de la pandemia de COVID-19 y desde entonces había realizado algunas incursiones innecesarias fuera de su casa cerca de Santos.

«Todo lo que somos es gracias a ti. Te amamos infinitamente. Descanse en paz», publicó en su cuenta de Instagram su hija, Kely Nascimento, junto a una foto en la que varios de los integrantes de su familia sostienen su mano junto a la del astro brasileño.

Murió Pelé a los 82 años

Con el fallecimiento de Pelé se desvanece un símbolo ineludible de la grandeza del fútbol de Brasil, aunque sólo corpóreamente, dado que su legado trasciende el paso del tiempo y las fronteras, dejando huella en la historia del fútbol, el lenguaje universal por antonomasia y ámbito sobre el cual se erigió como leyenda mundial en tres oportunidades –1958, 1962 y 1970– y en el que marcó 757 goles, o 1283, así como él y sus fanáticos se adjudicaron en diversas oportunidades, indicador que, cualquiera sea su forma, lo ubica de sobremanera en el panteón de los mejores.

Pelé nació el 23 de octubre de 1940 en la localidad brasileña de Tres Corazones, en el estado de Minas Gerais, calles en las que, como tantos millones de brasileños, comenzó a jugar fútbol con sus compañeros de escuela o con sus vecinos. En esos rincones fue donde comenzó a forjar su personalidad y su talento.

Brasil 1970

Sus primeros pasos en el fútbol los dio a los 13 años, cuando se integró a los juveniles del Club Atlético de Baurú. Su primer entrenador fue Valdemar de Brito, un futbolista que jugó con la selección nacional brasileña en la Copa Mundial de 1934; siendo él mismo quien llevó a Pelé al Santos de San Pablo, club del que se convertiría en ídolo máximo y leyenda.

O Rei, como lo apodaron años después, debutó como profesional a la edad de 15 y meses después lo hizo en la Verdeamarela, la selección nacional brasileña, en la victoria de 2 a 1 Argentina en el Maracaná, encuentro en el que marcó el único gol de su lado.

La revancha llegaría un año después, ya con 17 años, al ganar el Mundial de Suecia de 1958, en el que anotó 6 goles, todas en instancia de eliminación directa y dos en la final frente al país anfitrión.

Centro delantero voraz y con la dorsal 10 impregnada en la espalda, a Pelé le siguieron los éxitos con el Santos. En total ganó casi más de una docena de campeonatos regionales, 6 títulos de la liga local y 5 trofeos internacionales, entre los que se destacan dos Libertadores y dos Intercontinentales.

Con el Scratch participó en la Copa del Mundo de Chile 1962, pero una lesión muscular le impidió participar en casi todos los encuentros. Aún así logró anotar un gol memorable en el primer partido contra México. Su siguiente copa mundial fue México 70. Ahí exhibió lo mejor de su talento. En 1969 Pelé anota su autoconsignado gol número 1000.

Los tres títulos mundiales le valieron al combinado brasileño la adjudicación en propiedad del primer trofeo instituido, la llamada copa Jules Rimet.

En octubre del 1974 se retiró del Santos para reaparecer un año más tarde en el Cosmos de Nueva York. Pelé jugó su último partido en Nueva Jersey el 1 de octubre de 1977, luego de haber ganado la North American Soccer League en ese mismo año. La leyenda brasileña finalizó su carrera con 1283 goles, cifra lograda incluyendo los tantos anotados en encuentros oficiales (757) y amistosos (527).

Pelé fue nombrado por la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) Jugador del Siglo, honor que compartió con Diego Maradona.

Caracterizado por su inteligencia, su voracidad goleadora y su dureza en el intercambio físico con sus rivales; Pelé simbolizó el cambio de paradigma de su época, en un escenario futbolístico que dista años luz del juego que se despliega en la actualidad, dado que antes se jugaba sin tarjeta amarilla y el offside incluso se cobraba al estar en la misma línea, lo que no impidió que el astro pudiera desparramar a sus rivales y se alzara con la gloria.

Considerado por muchos como el mejor en la historia del fútbol, los debates y las discusiones al respecto quedan al margen cuando el legado y los momentos que quedan ya son eternos.

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